ENLACE DEL CUENTO PARA IMPRIMIR
RECUERDEN QUE TAMBIÉN ESTÁ EN LA PAPELERÍA
(Les recomiendo el primer enlace)
https://www.google.com.co/#q=el+barril+de+amontillado+pdf
NULLA DIES SINE LINEA
NULLA DIES SINE LINEA
martes, 29 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
PARA 7°
ENLACE DEL CUENTO DE LOS SEIS NAPOLEONES.
Recuerde que hay que imprimirlo o fotocopiarlo en la papelería. De cualquier manera hay que tenerlo físico y leído: 7° A para el lunes 5 de mayo. 7° B para el miércoles 7 de mayo
http://www.google.com.co/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=2&ved=0CC4QFjAB&url=http%3A%2F%2Fwww.circuloholmes.org.es%2Ffiles%2F4-175029-annex%2Fsixn.pdf&ei=1hNfU9nkMebhsASmrYKQBg&usg=AFQjCNHphTZWcAcx7MFMPJKkf3QV-y_L_w
Recuerde que hay que imprimirlo o fotocopiarlo en la papelería. De cualquier manera hay que tenerlo físico y leído: 7° A para el lunes 5 de mayo. 7° B para el miércoles 7 de mayo
http://www.google.com.co/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=2&ved=0CC4QFjAB&url=http%3A%2F%2Fwww.circuloholmes.org.es%2Ffiles%2F4-175029-annex%2Fsixn.pdf&ei=1hNfU9nkMebhsASmrYKQBg&usg=AFQjCNHphTZWcAcx7MFMPJKkf3QV-y_L_w
domingo, 27 de abril de 2014
EL CUENTO POLICIAL. (PARA 7°)
El tema que sigue es complementario, no hay que copiarlo. Sólo léanlo y después leen el cuento que sigue titulado "Los asesinos de Hemingway". Tanto el tema como el cuento son complementarios del tema que estamos viendo en clase y son para que profundicen sobre el cuento que tienen que escribir para entregar en próximas fechas.
Las actividades sobre el cuento las desarrollaremos en clase
-No, tengo miedo.
Las actividades sobre el cuento las desarrollaremos en clase
Cuento policíaco (tema complementario)
Un cuento policíaco es
aquel que agrupa las narraciones breves de hechos ficticios o reales,
relacionados directamente con criminales y con la justicia, generalmente
teniendo como tema principal la resolución de un misterio, la persecución de un
delincuente, o temáticas similares. El cuento puede ser clásico o negro;
- Clásico: que el policía sea el que se encarga de su trabajo y de la
investigación detectivesca
y policial;
- negro: que el detective o el policía se mete en el bando contrario
para poder atrapar al criminal.
El cuento policial es un
cuento de crimen misterio y persecución
Partes de un cuento policíaco
- Planteo de un enigma a
resolver A partir de un dilema, es que se desarrolla una historia.
- Narración del proceso de
investigación Permite aclarar el interrogante planteado al comienzo.
- Resolución del enigma
Se logra mediante: (A) El examen y observación de los hechos materiales y
psicológicos, sobre los que se sacan conclusiones; (B) El razonamiento a partir
de posibles hipótesis (el investigador muchas veces no necesita observar el
escenario del crimen).
Elementos caracterizadores
- Personajes: Se
presentan en una perspectiva antitética: el policía, el detective, el
inspector; el asesino y el espía, o sea los buenos y los malos. Por lo general
son tipos, tienen caracteres bien definidos y no evolucionan a lo largo del
relato.
- Estructura:
Habitualmente es un relato que se hace al revés de la narrativa tradicional. Al
comienzo se presenta el enigma que debe ser resuelto al final. El tiempo para
aclarar el misterio procede en dos sentidos: mientras avanza la investigación,
futuro, se revela el enigma, pasado. Pero hay que tener en cuenta que a este
relato precede una etapa previa de organización: cuando el escritor imagina o
fragua esa historia sigue un orden cronológico o lineal (comienzo, desarrollo y
desenlace). Al escribirla invierte los resultados y los presenta al comienzo.
- Ambiente: Es
cotidiano, familiar al lector. En los primeros relatos el crimen ocurría en
espacios interiores, en cuartos cerrados. En la actualidad, la violencia se
desata en las calles, ante la sorpresa o indiferencia de los posibles testigos.
- Trama: La acción
brinda el mayor suspenso. Deja siempre un hilo o eslabón por resolver. Con rigor
deductivo, el investigador y el lector desentrañan el enigma al reunir esos
hilos en el desenlace. Al principio se proponen varias soluciones fáciles, a
primera vista tentadoras, que sin embargo resultan falsas. Hay una solución
inesperada, a la cual sólo se llega al final. Para la solución del enigma se
desecha todo elemento sobrenatural o inexplicable. Es un relato hecho para que
el lector participe en desentrañar el misterio, e ingresar en el mismo como un
investigador más.
- Definición: El relato
policíaco es aquel que, por medio de la deducción lógica, identifica al autor
de un delito y revela sus móviles.
- Extensión: El cuento
policial tiene generalmente la extensión de un cuento, aunque claro está, hay
también cuentos policiales muy breves o minicuentos policiales, como por
ejemplo el de Marco Denevi titulado precisamente Cuento policial. [3
Tipos de cuentos policiales
El cuento policiaco tiene
muchos tipos o clases:
1.
De enigma
Un
difícil crimen tiene lugar y el detective lo resuelve gracias a sus dones
deductivos. Los detectives suelen ser: excéntricos, cultos y brillantes; se
relacionan "con la alta sociedad"; y toman la investigación como un
reto a la inteligencia. Son intelectuales que aplican métodos racionales,
principios científicos y técnicas modernas basadas en muchos conocimientos
2.
Negro
El
detective trabaja por un sueldo, es decadente, solitario, desencadenado y pone
en riesgo su vida. Se ven involucradas cuestiones como por ejemplo lugares
marginales; el detective avanza a lo brusco, lo contrario al clásico.
3.
De problema
El
crimen es resuelto por medio de pruebas físicas y psicológicas, así como declaraciones
de testigos y sospechosos (y/o de la víctima)
4.
De suspenso
El
cuento se presenta en un ambiente oscuro, desconocido, peligroso y tenebroso,
en donde se concretan casi siempre asesinatos en medio de la trama, dando un
efecto de terror.
Elementos
del cuento policíaco
1.
Pistas
Son
indicios que ayudan al investigador a resolver el caso. Pueden ser materiales,
o algunos datos aportados oralmente por los testigos, los sospechosos, y la
víctima.
2.
Escena del crimen
Es el
lugar donde se cometió el crimen, es el principal lugar en el que se encuentran
las pistas.
3.
Hipótesis
Es
una teoría que realiza el investigador o algún otro personaje de la historia
sobre la resolución del caso. A lo largo del caso generalmente se elaboran más
de una, y pueden ser casi iguales entre sí o muy variadas.
4.
Investigación
La
investigación es el proceso que lleva a cargo el detective para resolver el
caso. En este proceso generalmente:
a. Busca
pruebas.
b. Interroga
a los testigos, a los sospechosos y a la víctima.
c. Revisa
la escena del crimen y los alrededores en busca de pistas.
d. Analiza
las pistas.
e. Comprueba
las hipótesis.
f. Resuelve
el caso.
Los asesinos de Hemingway
Michel García
Dos hombres entraron a la
casa, y esperaron en silencio a que los ojos se les acostumbraran a la
oscuridad. Hemingway dormía al fondo, y afuera una fina lluvia empañaba los
cristales. Acariciaban en sus manos revólveres, y al cabo de un rato pudieron
caminar por entre los muebles, en la penumbra. Oían como un rumor los ronquidos
del viejo Hem.
-¿Qué hacemos
ahora?-preguntó uno.
-No sé exactamente-respondió
el otro.
En las ventanas la lluvia aumentaba, se
escuchaban truenos y podían ver las sombras de los árboles al viento, que
opacaban la luz de los faroles. Caminaron hacia una habitación que parecía ser
una oficina, en la que había una mesita repleta de libros, una máquina de
escribir, hojas blancas y una botella de whisky con un vaso a medio usar al
lado. Revisaron en las gavetas. No encontraron nada.
Pasaron a un cuarto amplio, acomodado con dos
camas, donde también habían libros y colgaderas de animales. Vestían ropas
negras apretadas, capuchas que solo dejaban ver sus ojos, y aunque sus
estaturas eran diferentes al igual que su complexión física, en medio de la
noche parecían hermanos vestidos igual para la misma ocasión.
Uno le extendía al otro de vez en cuando
manuscritos corregidos, buscando su aprobación.
-¿Es este? -No, el muy
desgraciado lo tiene bien escondido.
-¿Y ahora? -A seguir
buscando, vivo.
La tormenta arreciaba, y las luces de afuera
amenazaban con quedar completamente apagadas.
De repente oyeron que el ronquido de Hemingway
cesaba, y el susurrar cada vez más cercano de unas pantuflas afelpadas. Se
escondieron bajo las camas, y divisaron las piernas del viejo que se dirigían
al baño. Oyeron el largo chorro que soltaba Hemingway, y el sonido de descargar
el inodoro. Otra vez se acercaron las pantuflas, que sin sospecha se detuvieron
en la puerta del cuarto, y ellos apretaron por instinto los revólveres. Pero
Hemingway siguió camino hasta su habitación, y en breve volvieron a sentir sus
ronquidos.
La búsqueda no prosperaba. A la poca luz de
los relámpagos solo podían distinguir las cabezas muertas en las paredes, que
parecían vigilantes silenciosos de ojos cristalinos, y los papeles se les
perdían en la oscuridad.
Se movieron por toda la casa, evitando el
cuarto del viejo. Abrían libros, levantaban almohadas y sábanas viejas,
colchones húmedos, pero no aparecía lo que los había llevado allí. Comenzaron a
sudar, a pesar del frío que entraba por las ventanas.
Durante días habían ido a vigilar al escritor,
atisbando por entre las ventanas y las veladoras, disfrazados de extranjeros.
Verificaron los horarios de apertura y cierre del museo, el movimiento de las
personas, la estructura de la casa, sus alrededores, la rutina de Hemingway y
los cambios de guardia de los custodios. Ahora sentían que todo el esfuerzo se
podía ir a la mierda, si no encontraban algo. Empezaron a desesperarse, pero
decidieron mantener la calma.
Ya estaban en el interior, sólo tenían que
buscar. En sus ojos se dibujaba una impaciencia, un deseo inaudito de no ser
sorprendidos.
Los truenos sucedían, llenando de un silencio
pavoroso el intervalo entre ellos.
Después de una última mirada confusa, se
dirigieron hacia el fondo de la casa, más allá del comedor. Chequearon los
revólveres, y en una fracción de segundo pudieron ver en los cristales el
rápido desplazamiento de las nubes. Afuera las luces se habían apagado ya
definitivamente.
Hemingway dormía boca arriba, acurrucado con
sobrecamas rojos y bufando el aire de los pulmones. Los hombres lo miraban con
terror, y sin decirlo agradecieron que la más plena oscuridad los cobijara. Se
miraron sin saber que hacer.
-Haz algo.
-No sé qué.
-Lo que se te ocurra, vamos. -No, tengo miedo.
-Bah, parece mentira, vivo.
Con sigilo examinaron el cuarto, abriendo
pequeñas gavetas y el escaparate de espejos. Les impresionó ver su propia
imagen reflejada con total exactitud.
Cerraron las puertas asqueados de tanta lluvia
y silencio, de no encontrar nada, y con las manos señalaron los revólveres. No
había otra solución.
El disparo sonó en medio de la madrugada,
disimulado por un trueno que estremeció los cristales.
martes, 15 de abril de 2014
PARA 6° Y 7°
COMPRENSIÓN DEL LECTURA. ENTREGAR EN HOJAS; PUEDEN PONER SOLO EL NÚMERO DE LA PREGUNTA Y LA LETRA DE LA RESPUESTA, COMO SE HA HECHO EN CLASE.
Sibila del lenguaje
Un poeta se asombra
de que Dios, que hizo un mundo tan vasto y tan rico en matices, tan tejido de
abismos en lo grande y en lo pequeño, haya añadido a ese copioso invento los
espejos, que lo duplican todo sin fi n. Más asombrosa es la existencia del
lenguaje, espejo también, pero mágico, pues no sólo permite ver el mundo físico
sino advertir lo invisible y lo intangible, nombrar lo venidero y lo
inexistente. El lenguaje es el misterio y la solución del misterio, es la rosa
y cada uno de sus pétalos, es el desierto y cada uno de sus granos de arena, el
eléctrico abismo lleno de soles que hay en cada partícula.
La eternidad es el
paso de todos los desiertos por el ápice del reloj de arena, la eternidad se
mide por el desgaste que cada mil años produce en la pirámide el roce del ala
de una mariposa. Tan bello como nombrar “el pan de cada día”, los “lirios del
campo y las aves del cielo”, es poder nombrar la gracia, la libertad, la
justicia, sueños apenas presentidos o anhelados, por los que sin embargo los
mejores humanos siempre estuvieron dispuestos a entregar la alegría y la vida.
Nos fue dado un laberinto de lluvia y de hierro, una jungla de extravío y de
necesidad, y el lenguaje descifró en ellos la transparencia y el rigor, la
orientación y el mérito. Nos fue dado el dolor, y el lenguaje inventó la
sensibilidad. Nos fue dado el rugido, y nosotros, inspirados por dioses que
nunca acabarán de tener nombre, inventamos el canto. Estamos solos y perplejos
en un jardín asediado por el miedo y por el infinito, por la muerte y por la
locura. Más allá todo es caos, todo es enigma, todo es pavor y silencio, pero
aquí, en el reino del lenguaje, el miedo se serena en fábulas y el infinito se
doma en fantasías, la muerte se dora de
filosofías y de plegarias, la locura se resuelve en mitos y en músicas,
el caos se ordena en geometría, el enigma se destila en sentencias, el pavor se
limita en demonios y en dioses, el silencio se hace instrumento de la música,
pausa armoniosa entre dos palabras que se encuentran por primera vez. Oración
que sitúa y ordena, conjuro misterioso que sana y que convoca, plegaria
emocionada que agradece y celebra, que no falte en los labios y en la mente y
el agua hechas de sílabas.
A. el
asombro por las cosas maravillosas que creó Dios.
B. el
deseo por la permanencia del lenguaje.
C. el
orden que impone la geometría al caos.
D. el
misterio y la función del lenguaje humano.
2. El
género y el subgénero literarios presentes en el texto son
A. el
épico y el sainete.
B. el
dramático y el entremés.
C. el
lírico y el poema filosófico.
D. el
narrativo y la prosa poética.
3. Según
la última versión del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la
palabra sibila significa Mujer
sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético. De
acuerdo con este significado, el mensaje del título del texto
A.
establece en el lenguaje humano la capacidad de conocer exclusivamente el
pasado y el presente.
B.
reconoce en el lenguaje humano el don de conocer lo distante en el tiempo y en
el espacio.
C.
identifica el objetivo primordial de los diccionarios de lengua: definir de
manera actual las palabras.
D. revela
de forma estética el origen de la expresión cotidiana: “el sexto sentido que
poseen las mujeres”.
4. De
acuerdo con el planteamiento sobre la existencia y origen del lenguaje, se
puede inferir que
A. Dios
inventó el lenguaje.
B. el
lenguaje se reinventa a sí mismo.
C. el
hombre inventó el lenguaje.
D. el
lenguaje ideó al hombre.
5. La
oración Más allá todo es caos, todo es enigma, todo es pavor y silencio,
pero aquí, en el reino del lenguaje, el
miedo se serena en fábulas y el infinito se doma en fantasías, es una
oración
A.
compuesta por coordinación.
B.
simple.
C.
compuesta por subordinación.D. compuesta por yuxtaposición.
6. De
acuerdo con el texto, podemos afirmar que las funciones generales dadas al
lenguaje por los seres humanos cubren
campos como
A. la
denominación de las artes, las ciencias exactas y las ciencias humanas.
B. la
definición de las emociones, las artes, las ciencias exactas y las ciencias
humanas.
C. la
conceptualización de los valores humanos, las ciencias exactas, y las ciencias
humanas.
D. la
nominación de valores humanos, las emociones, las artes, las ciencias exactas,
y las ciencias humanas.
7. En la
expresión El lenguaje es el misterio y la solución del misterio, es la rosa
y cada uno de sus pétalos, es el desierto y cada uno de sus granos de arena, el eléctrico
abismo lleno de soles que hay en cada partícula, las
figuras literarias empleadas por el autor
son
A. la
antonomasia y la metáfora, porque da a entender que el lenguaje es en sí
misterioso y
compara tácitamente al lenguaje con varios
elementos de la naturaleza.
B. la
analogía y la sinécdoque, ya que compara expresamente al lenguaje consigo mismo
y
con unos elementos de la naturaleza y
refiere la composición de cada elemento por sus partes.
C. la
personificación y la paradoja, porque representa al lenguaje como un ser
viviente y presentauna idea extraña y absurda para definir el enigma del lenguaje de los seres humanos.
D. la hipérbole y la numeración, porque exagera la comprensión del lenguaje humano; y, además, organiza
los principales términos que explican estética y poéticamente el lenguaje de los seres humanos.
PERTEXTO LENGUAJE
8. En el
fragmento Más allá todo es caos, todo es enigma, todo es pavor y silencio,
pero aquí, en el reino del lenguaje, el miedo se serena en fábulas y el
infinito se doma en fantasías, la muerte se dora de filosofías y de
plegarias, la locura se resuelve en mitos y en músicas, el caos se ordena
en geometría, el enigma se destila en sentencias, el pavor se limita en
demonios y en dioses, el silencio se hace instrumento de la música, pausa
armoniosa entre dos palabras que se encuentran por primera vez, la
oración subrayada se refiere a
A. las
acusaciones que la filosofía imputa a la religión sobre el tema de la muerte
humana.
B. las
explicaciones que tanto la filosofía como la religión dan al fenómeno de la
muerte del ser humano.
C. la
ayuda que tanto la filosofía como la religión piden al mito para comprender la
realidad de la muerte.
D. la
aflicción que sobrellevan los hombres por no comprender de manera total la
muerte.
A. un
anuncio, con el objetivo primordial de informarle acerca del poder de sanación
que contiene el lenguaje.
B. un
consejo, con el fi n de incluir en los diversos usos del lenguaje (como el
científico y el cotidiano), figuras
literarias y giros poéticos.
C. un
llamado, para que desenvuelva consciente, sagrada y felizmente su ser,
empleando el lenguaje por medio del pensamiento y del discurso.
D. un
reclamo, para que incluya de forma inmediata elementos religiosos en todos los
usos que haga del
lenguaje, ya que el
lenguaje proviene de Dios.
A.
agregar una información a otra para completar una sola idea.
B.
contraponer una información, ampliándola con otra, para explicarla.
C.
comparar una información con otra y reunirlas en una sola idea.
D.
separar una información de la otra para obtener dos ideas distintas.
PARA 6° Y 7°
ESTE FUE EL ÚLTIMO TEMA QUE SE COPIÓ, ANQUE LA MAYORÍA LO TERMINÓ, LO SUBO DE TODAS FORMAS
COMPRESIÓN
DE LA LECTURA.
Proviene del vocablo latino “lectum”, que es el supino del verbo “legere” cuyo sentido primario es; elegir, seleccionar. “Es la interpretación y selección de un mensaje que se ha recibido por escrito”.
“La lectura nos permite entrar en contacto con otras maneras de ver la vida, de comprender el fenómeno de la producción de desarrollo, la vida económica o la política de un pueblo o nación”.
LEER: La lectura permite la comprensión y la interpretación
La lectura es importante porque:
A través de ella se adquiere la mayoría de los conocimientos.
Es la práctica de mayor importancia en el estudio.
Aumenta nuestra cultura.
El éxito o el fracaso dependen en gran parte de la eficiencia en la lectura.
A través de ella se transmiten los conocimientos de una generación a otra.
Proporciona diversas emociones.
Las lecturas se clasifican de acuerdo a:
La finalidad del lector, y a la naturaleza de la lectura.
Las finalidades del lector según los estudiosos de este campo,
reducen a cuatro:
1.- Adquirir conocimientos sobre una materia.
2.- Profundizar o ampliar los que ya se tienen.
3.- Distraerse o pasar un rato agradable.
4.- Influir en la manera de pensar, sentir y querer.
De acuerdo a los fines de su naturaleza las lecturas se clasifican en:
O De estudio:
Su objetivo es aprender con un método para un curso, un examen, etc.
O Estructural o Analítica:
Revisión general, para tener una visión de las partes y contenido de un libro.
O Dinámica:
Es una práctica sistemática de lectura rápida y comprensiva.
O De Consulta:
Sirve para ampliar los conocimientos a través del diccionario, enciclopedia y de otros textos.
O De Información:
Para conocer el área que le interesa al lector, por medio de folletos, revistas científicas o especializadas, periódicos, ensayos, etc.
O De Investigación:
Se realiza en diferentes libros y materiales para obtener información necesaria para elaborar una monografía, ensayo, informe, tesis, libro, etc.
O De Recreación:
Para descansar, por goce estético, buscando estimular la imaginación, la emoción, la reflexión, etc.
O Crítica o Evaluativa:
En ella se interpreta, se valora el conocimiento, los datos e informaciones. Es una lectura reflexiva sobre la intención ideológica del autor; para poder hacer una reseña o comentario y así elaborar un juicio o apropiarse de una nueva idea.
Otra clasificación de las lecturas es la que se hace, atendiendo a la forma como se realiza lo lectura:
O La Lectura de Comprensión:
Consiste, en leer para comprender el contenido del escrito. Saber distinguir: lo fundamental, de lo accesorio; los hechos, de las opiniones; lo comprobado, de lo discutible; los principios, de las aplicaciones; las causas, de los efectos; la condición, de lo condicionado; lo exclusivo, de lo común; lo convergente de lo divergente.
O La Lectura Estructural o Analítica:
Tiene por objeto conocer el libro y clasificarlo ¿Qué tipo de libro es? Explosivo... imaginativo... de divulgación... de consulta..., ¿En qué partes está dividido?, ¿Cuál es su estructura formal?; ¿Qué asunto trata?; ¿Qué es lo que busca expresar?, ¿Que problemas quiere mostrar o solucionar?, ¿Por qué?
O La Lectura Creativa:
Exige un lector capaz de crear proyectos complementarios vinculados con una obra, que sea polemista comprometido, testigo presencial capaz de expresarse a propósito de la obra por media de trabajos escritos cuyo requisito consiste en saber leer a profundidad.
O La Lectura Dinámica:
Consiste en mejorar el rendimiento del lector a fin de que este pueda leer provechosamente la mayor cantidad de información escrita. Es decir, que este tipo de lectura se distingue por dos características correlacionadas: Aumentar la comprensión (la capacidad de comprensión) y aumentar simultáneamente la velocidad de la lectura.
REQUISITOS DE LECTURA
Para el logro de una buena lectura debemos cubrir determinados requisitos como son:
Motivación
Interés
Atención
Constancia
Que el texto sea de nuestro nivel
Motivación:
Para iniciar la lectura con disposición se necesita que lleguemos impulsados por algún motivo. Por ejemplo la curiosidad por conocer el estilo de algún autor.
Interés:
Un estudiante puede tener interés en aprobar un examen y, saber que su único recurso es leer determinada obra. Hará esto con muy buena disposición.
Atención:
Una vez que el lector está bien motivado e interesado; se acerca a un libro o a cualquier texto, emprenderá la tarea con toda atención, fijando su mente en el contenido y desarrollo de la obra que comenzó a leer con el fin de evitar la dispersión mental.
Constancia:
Para que la lectura tenga éxito dependerá del empeño y asiduidad con que la realicemos.
Proviene del vocablo latino “lectum”, que es el supino del verbo “legere” cuyo sentido primario es; elegir, seleccionar. “Es la interpretación y selección de un mensaje que se ha recibido por escrito”.
“La lectura nos permite entrar en contacto con otras maneras de ver la vida, de comprender el fenómeno de la producción de desarrollo, la vida económica o la política de un pueblo o nación”.
LEER: La lectura permite la comprensión y la interpretación
La lectura es importante porque:
A través de ella se adquiere la mayoría de los conocimientos.
Es la práctica de mayor importancia en el estudio.
Aumenta nuestra cultura.
El éxito o el fracaso dependen en gran parte de la eficiencia en la lectura.
A través de ella se transmiten los conocimientos de una generación a otra.
Proporciona diversas emociones.
Las lecturas se clasifican de acuerdo a:
La finalidad del lector, y a la naturaleza de la lectura.
Las finalidades del lector según los estudiosos de este campo,
reducen a cuatro:
1.- Adquirir conocimientos sobre una materia.
2.- Profundizar o ampliar los que ya se tienen.
3.- Distraerse o pasar un rato agradable.
4.- Influir en la manera de pensar, sentir y querer.
De acuerdo a los fines de su naturaleza las lecturas se clasifican en:
O De estudio:
Su objetivo es aprender con un método para un curso, un examen, etc.
O Estructural o Analítica:
Revisión general, para tener una visión de las partes y contenido de un libro.
O Dinámica:
Es una práctica sistemática de lectura rápida y comprensiva.
O De Consulta:
Sirve para ampliar los conocimientos a través del diccionario, enciclopedia y de otros textos.
O De Información:
Para conocer el área que le interesa al lector, por medio de folletos, revistas científicas o especializadas, periódicos, ensayos, etc.
O De Investigación:
Se realiza en diferentes libros y materiales para obtener información necesaria para elaborar una monografía, ensayo, informe, tesis, libro, etc.
O De Recreación:
Para descansar, por goce estético, buscando estimular la imaginación, la emoción, la reflexión, etc.
O Crítica o Evaluativa:
En ella se interpreta, se valora el conocimiento, los datos e informaciones. Es una lectura reflexiva sobre la intención ideológica del autor; para poder hacer una reseña o comentario y así elaborar un juicio o apropiarse de una nueva idea.
Otra clasificación de las lecturas es la que se hace, atendiendo a la forma como se realiza lo lectura:
O La Lectura de Comprensión:
Consiste, en leer para comprender el contenido del escrito. Saber distinguir: lo fundamental, de lo accesorio; los hechos, de las opiniones; lo comprobado, de lo discutible; los principios, de las aplicaciones; las causas, de los efectos; la condición, de lo condicionado; lo exclusivo, de lo común; lo convergente de lo divergente.
O La Lectura Estructural o Analítica:
Tiene por objeto conocer el libro y clasificarlo ¿Qué tipo de libro es? Explosivo... imaginativo... de divulgación... de consulta..., ¿En qué partes está dividido?, ¿Cuál es su estructura formal?; ¿Qué asunto trata?; ¿Qué es lo que busca expresar?, ¿Que problemas quiere mostrar o solucionar?, ¿Por qué?
O La Lectura Creativa:
Exige un lector capaz de crear proyectos complementarios vinculados con una obra, que sea polemista comprometido, testigo presencial capaz de expresarse a propósito de la obra por media de trabajos escritos cuyo requisito consiste en saber leer a profundidad.
O La Lectura Dinámica:
Consiste en mejorar el rendimiento del lector a fin de que este pueda leer provechosamente la mayor cantidad de información escrita. Es decir, que este tipo de lectura se distingue por dos características correlacionadas: Aumentar la comprensión (la capacidad de comprensión) y aumentar simultáneamente la velocidad de la lectura.
REQUISITOS DE LECTURA
Para el logro de una buena lectura debemos cubrir determinados requisitos como son:
Motivación
Interés
Atención
Constancia
Que el texto sea de nuestro nivel
Motivación:
Para iniciar la lectura con disposición se necesita que lleguemos impulsados por algún motivo. Por ejemplo la curiosidad por conocer el estilo de algún autor.
Interés:
Un estudiante puede tener interés en aprobar un examen y, saber que su único recurso es leer determinada obra. Hará esto con muy buena disposición.
Atención:
Una vez que el lector está bien motivado e interesado; se acerca a un libro o a cualquier texto, emprenderá la tarea con toda atención, fijando su mente en el contenido y desarrollo de la obra que comenzó a leer con el fin de evitar la dispersión mental.
Constancia:
Para que la lectura tenga éxito dependerá del empeño y asiduidad con que la realicemos.
RECUERDA:
La mejor estrategia para alcanzar una buena comprensión de cualquier lectura,
es leer, leer y leer. ¡Ah! Y nunca abandonar el diccionario
miércoles, 19 de marzo de 2014
PARA 6° UNIDADES DE LA LENGUA (LAS PALABRAS)
ESTE TEMA ES COMPLENTARIO DE LIBRO pgs 31 - 35 LES PUEDE SERVIR PARA ESTUDIAR
ESTA ES SÓLO UNA PARTE. LA MAYORÍA DE LOS TEMAS SON MÁS AMPLIOS.
UNIDADES DE LA LENGUA
CLASES DE PALABRAS
Sustantivo:
representa y nombra a los seres en las cosas: astronauta, vaca, calculadora,
marciano.
Adjetivos:
palabras que nombran cualidades o estados que pueden decirse de los
sustantivos: fascinante, privilegiado, bonito, verde, feo, alto, suave,
inquieto.
Verbos: palabras
que expresan acciones, estados o procesos y que pueden tener variaciones de
persona, de número, de tiempo y de modo: compró, tuvimos, sobrevivieron, viene,
cantar, nadamos, comemos, dormían.
Adverbios:
palabras que indican circunstancias:
De lugar: aquí, ahí, allí, acá, allá, dónde, abajo, arriba, cerca,
lejos, dentro, fuera, delante, detrás, encima, debajo, adelante, atrás, dentro,
afuera.
De tiempo: hoy, ayer, mañana, antes, después, luego, tarde,
temprano, prestó, pronto, nunca, jamás, siempre, mientras, ya, aún, todavía,
sucesivamente.
De modo: bien, mal, gratis, como, cuál, así, aún, aprisa, despacio,
adrede, buenamente, malamente y muchos
terminados en mente.
De cantidad: mucho, un poco, muy, casi, harto, bastante, tanto,
cuando, más, demasiado, todo, menos, apenas, tanto, menos, medio.
Determinantes:
palabras que determinan el significado los sustantivos.
·
Demostrativos:
acompañan sustantivo para indicar la distancia que hay entre la persona que
habla y los seres objetos a los que se refiere. Tienen el mismo número y género
que los sustantivos a los que determinan.
De cercanía: éste, esta, estos, estas.
Distancia media: ese, esa, esos, esas.
Lejanía: aquél, aquélla, aquéllos, aquéllas.
·
Artículos:
son palabras que determinan a los sustantivos porque implica su número es
un género.
- Definidos: se refieren algo
particular. El, ella, los, las, lo (para el género neutro)
- Indefinidos: se refiere a algo en general, no hay claridad de la cantidad
ni a quién se refiere. Un, una, unos, unas.
·
Posesivos:
acompañar sustantivo e indican, como su nombre lo dice, en posesión. Indican
que lo nombrado es propiedad de quien habla o de algo:
Singular
1ª Mi, mis
2ª Tú, tus
3ª Su, sus
Plural
1ª Nuestro, nuestra, nuestros, nuestras
2ª Su, sus
3ª Su, sus
·
Los
numerales: son los determinantes que informan sobre la cantidad, la
posición y el orden de los sustantivos.
Cardinales: informan cantidades
exactas: uno, dos, tres, cuatro, cinco, etc.
Ordinales: informal el orden o
la posición: primero, segundo, tercero, cuarto, etc.
Fraccionarios: informan
cantidades que son sólo una parte de una unidad: un cuarto, un sexto, un medio,
etc.
Multiplicativos: informan
cantidades en múltiplos: doble, triple, cuádruple quíntuple, etc.
Pronombres personales: palabras
que se utilizan para remitir a un sustantivo sin decir su nombre: yo, tú, el,
nosotros, ustedes, ellos.
Preposiciones: palabras
invariables que introducen otras palabras. Indican dependencia entre dos o más
palabras u oraciones: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en,
entre, excepto, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras.
Conjunciones: palabras
invariables que unen palabras o grupos de palabras equivalentes.
·
Copulativas.
Unen: y, e, ni, que.
·
Disyuntivas.
Separan: u, o, ya, obra, bien.
·
Adversativas.
Indican oposición: mas, pero, aunque, sino, antes bien, siquiera, con todo,
etc.
domingo, 23 de febrero de 2014
PARA 7°
BERENICE
Edgar Allan Poe
"Dicebant mihi
sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore
levatas." -Ebn Zaiat
La desdicha es diversa. La
desgracia cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte
como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan
distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como
el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza he derivado un tipo de fealdad; de la
alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una
consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la
memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se
originan en los éxtasis que pudieron haber sido.
Mi nombre de pila es Egaeus; no
mencionaré mi apellido. Sin embargo, no hay en mi país torres más venerables
que mi melancólica y gris heredad. Nuestro linaje ha sido llamado raza de
visionarios, y en muchos detalles sorprendentes, en el carácter de la mansión
familiar en los frescos del salón principal, en las colgaduras de los
dormitorios, en los relieves de algunos pilares de la sala de armas, pero
especialmente en la galería de cuadros antiguos, en el estilo de la biblioteca
y, por último, en la peculiarísima naturaleza de sus libros, hay elementos más
que suficientes para justificar esta creencia.
Los recuerdos de mis primeros
años se relacionan con este aposento y con sus volúmenes, de los cuales no
volveré a hablar. Allí murió mi madre. Allí nací yo. Pero es simplemente ocioso
decir que no había vivido antes, que el alma no tiene una existencia previa.
¿Lo negáis? No discutiremos el punto. Yo estoy convencido, pero no trato de
convencer. Hay, sin embargo, un recuerdo de formas aéreas, de ojos espirituales
y expresivos, de sonidos musicales, aunque tristes, un recuerdo que no será
excluido, una memoria como una sombra, vaga, variable, indefinida, insegura, y
como una sombra también en la imposibilidad de librarme de ella mientras brille
el sol de mi razón.
En ese aposento nací. Al
despertar de improviso de la larga noche de eso que parecía, sin serlo, la
no-existencia, a regiones de hadas, a un palacio de imaginación, a los extraños
dominios del pensamiento y la erudición monásticos, no es raro que mirara a mi
alrededor con ojos asombrados y ardientes, que malgastara mi infancia entre
libros y disipara mi juventud en ensoñaciones; pero sí es raro que
transcurrieran los años y el cenit de la virilidad me encontrara aún en la
mansión de mis padres; sí, es asombrosa la paralización que subyugó las fuentes
de mi vida, asombrosa la inversión total que se produjo en el carácter de mis
pensamientos más comunes. Las realidades terrenales me afectaban como visiones,
y sólo como visiones, mientras las extrañas ideas del mundo de los sueños se
tornaron, en cambio, no en pasto de mi existencia cotidiana, sino realmente en
mi sola y entera existencia.
Berenice y yo éramos primos y
crecimos juntos en la heredad paterna. Pero crecimos de distinta manera: yo,
enfermizo, envuelto en melancolía; ella, ágil, graciosa, desbordante de
fuerzas; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios del claustro;
yo, viviendo encerrado en mí mismo y entregado en cuerpo y alma a la intensa y
penosa meditación; ella, vagando despreocupadamente por la vida, sin pensar en
las sombras del camino o en la huida silenciosa de las horas de alas negras.
¡Berenice! Invoco su nombre... ¡Berenice! Y de las grises ruinas de la memoria
mil tumultuosos recuerdos se conmueven a este sonido. ¡Ah, vívida acude ahora
su imagen ante mí, como en los primeros días de su alegría y de su dicha! ¡Ah,
espléndida y, sin embargo, fantástica belleza! ¡Oh sílfide entre los arbustos
de Arnheim! ¡Oh náyade entre sus fuentes! Y entonces, entonces todo es misterio
y terror, y una historia que no debe ser relatada. La enfermedad -una
enfermedad fatal- cayó sobre ella como el simún, y mientras yo la observaba, el
espíritu de la transformación la arrasó, penetrando en su mente, en sus hábitos
y en su carácter, y de la manera más sutil y terrible llegó a perturbar su
identidad. ¡Ay! El destructor iba y venía, y la víctima, ¿dónde estaba? Yo no
la conocía o, por lo menos, ya no la reconocía como Berenice.
Entre la numerosa serie de
enfermedades provocadas por la primera y fatal, que ocasionó una revolución tan
horrible en el ser moral y físico de mi prima, debe mencionarse como la más
afligente y obstinada una especie de epilepsia que terminaba no rara vez en
catalepsia, estado muy semejante a la disolución efectiva y de la cual su
manera de recobrarse era, en muchos casos, brusca y repentina. Entretanto, mi
propia enfermedad -pues me han dicho que no debo darle otro nombre-, mi propia
enfermedad, digo, crecía rápidamente, asumiendo, por último, un carácter
monomaniaco de una especie nueva y extraordinaria, que ganaba cada vez más
vigor y, al fin, obtuvo sobre mí un incomprensible ascendiente. Esta monomanía,
si así debo llamarla, consistía en una irritabilidad morbosa de esas
propiedades de la mente que la ciencia psicológica designa con la palabra
atención. Es más que probable que no se me entienda; pero temo, en verdad, que
no haya manera posible de proporcionar a la inteligencia del lector corriente
una idea adecuada de esa nerviosa intensidad del interés con que en mi caso las
facultades de meditación (por no emplear términos técnicos) actuaban y se
sumían en la contemplación de los objetos del universo, aun de los más
comunes.
Reflexionar largas horas,
infatigable, con la atención clavada en alguna nota trivial, al margen de un
libro o en su tipografía; pasar la mayor parte de un día de verano absorto en
una sombra extraña que caía oblicuamente sobre el tapiz o sobre la puerta;
perderme durante toda una noche en la observación de la tranquila llama de una
lámpara o los rescoldos del fuego; soñar días enteros con el perfume de una
flor; repetir monótonamente alguna palabra común hasta que el sonido, por obra
de la frecuente repetición, dejaba de suscitar idea alguna en la mente; perder
todo sentido de movimiento o de existencia física gracias a una absoluta y
obstinada quietud, largo tiempo prolongada; tales eran algunas de las
extravagancias más comunes y menos perniciosas provocadas por un estado de las
facultades mentales, no único, por cierto, pero sí capaz de desafiar todo
análisis o explicación.
Mas no se me entienda mal. La
excesiva, intensa y mórbida atención así excitada por objetos triviales en sí
mismos no debe confundirse con la tendencia a la meditación, común a todos los
hombres, y que se da especialmente en las personas de imaginación ardiente.
Tampoco era, como pudo suponerse al principio, un estado agudo o una
exageración de esa tendencia, sino primaria y esencialmente distinta,
diferente. En un caso, el soñador o el fanático, interesado en un objeto
habitualmente no trivial, lo pierde de vista poco a poco en una multitud de
deducciones y sugerencias que de él proceden, hasta que, al final de un ensueño
colmado a menudo de voluptuosidad, el incitamentum o primera causa de sus
meditaciones desaparece en un completo olvido. En mi caso, el objeto primario
era invariablemente trivial, aunque asumiera, a través del intermedio de mi
visión perturbada, una importancia refleja, irreal. Pocas deducciones, si es
que aparecía alguna, surgían, y esas pocas retornaban tercamente al objeto
original como a su centro. Las meditaciones nunca eran placenteras, y al cabo
del ensueño, la primera causa, lejos de estar fuera de vista, había alcanzado
ese interés sobrenaturalmente exagerado que constituía el rasgo dominante del
mal. En una palabra: las facultades mentales más ejercidas en mi caso eran,
como ya lo he dicho, las de la atención, mientras en el soñador son las de la
especulación.
Mis libros, en esa época, si no
servían en realidad para irritar el trastorno, participaban ampliamente, como
se comprenderá, por su naturaleza imaginativa e inconexa, de las
características peculiares del trastorno mismo. Puedo recordar, entre otros, el
tratado del noble italiano Coelius Secundus Curio De Amplitudine Beati Regni
dei, la gran obra de San Agustín La ciudad de Dios, y la de Tertuliano, De
Carne Christi, cuya paradójica sentencia: Mortuus est Dei filius; credibili est
quia ineptum est: et sepultus resurrexit; certum est quia impossibili est,
ocupó mi tiempo íntegro durante muchas semanas de laboriosa e inútil
investigación.
Se verá, pues, que, arrancada de
su equilibrio sólo por cosas triviales, mi razón semejaba a ese risco marino
del cual habla Ptolomeo Hefestión, que resistía firme los ataques de la
violencia humana y la feroz furia de las aguas y los vientos, pero temblaba al
contacto de la flor llamada asfódelo. Y aunque para un observador descuidado pueda
parecer fuera de duda que la alteración producida en la condición moral de
Berenice por su desventurada enfermedad me brindaría muchos objetos para el
ejercicio de esa intensa y anormal meditación, cuya naturaleza me ha costado
cierto trabajo explicar, en modo alguno era éste el caso. En los intervalos
lúcidos de mi mal, su calamidad me daba pena, y, muy conmovido por la ruina
total de su hermosa y dulce vida, no dejaba de meditar con frecuencia,
amargamente, en los prodigiosos medios por los cuales había llegado a
producirse una revolución tan súbita y extraña. Pero estas reflexiones no
participaban de la idiosincrasia de mi enfermedad, y eran semejantes a las que,
en similares circunstancias, podían presentarse en el común de los hombres.
Fiel a su propio carácter, mi trastorno se gozaba en los cambios menos
importantes, pero más llamativos, operados en la constitución física de
Berenice, en la singular y espantosa distorsión de su identidad personal.
En los días más brillantes de su
belleza incomparable, seguramente no la amé. En la extraña anomalía de mi
existencia, los sentimientos en mí nunca venían del corazón, y las pasiones
siempre venían de la inteligencia. A través del alba gris, en las sombras
entrelazadas del bosque a mediodía y en el silencio de mi biblioteca por la
noche, su imagen había flotado ante mis ojos y yo la había visto, no como una
Berenice viva, palpitante, sino como la Berenice de un sueño; no como una
moradora de la tierra, terrenal, sino como su abstracción; no como una cosa
para admirar, sino para analizar; no como un objeto de amor, sino como el tema
de una especulación tan abstrusa cuanto inconexa. Y ahora, ahora temblaba en su
presencia y palidecía cuando se acercaba; sin embargo, lamentando amargamente
su decadencia y su ruina, recordé que me había amado largo tiempo, y, en un mal
momento, le hablé de matrimonio.
Y al fin se acercaba la fecha de
nuestras nupcias cuando, una tarde de invierno -en uno de estos días
intempestivamente cálidos, serenos y brumosos que son la nodriza de la hermosa
Alción-, me senté, creyéndome solo, en el gabinete interior de la biblioteca.
Pero alzando los ojos vi, ante mí, a Berenice.
¿Fue mi imaginación excitada, la
influencia de la atmósfera brumosa, la luz incierta, crepuscular del aposento,
o los grises vestidos que envolvían su figura, los que le dieron un contorno
tan vacilante e indefinido? No sabría decirlo. No profirió una palabra y yo por
nada del mundo hubiera sido capaz de pronunciar una sílaba. Un escalofrío
helado recorrió mi cuerpo; me oprimió una sensación de intolerable ansiedad;
una curiosidad devoradora invadió mi alma y, reclinándome en el asiento,
permanecí un instante sin respirar, inmóvil, con los ojos clavados en su
persona. ¡Ay! Su delgadez era excesiva, y ni un vestigio del ser primitivo
asomaba en una sola línea del contorno. Mis ardorosas miradas cayeron, por fin,
en su rostro.
La frente era alta, muy pálida,
singularmente plácida; y el que en un tiempo fuera cabello de azabache caía
parcialmente sobre ella sombreando las hundidas sienes con innumerables rizos,
ahora de un rubio reluciente, que por su matiz fantástico discordaban por
completo con la melancolía dominante de su rostro. Sus ojos no tenían vida ni
brillo y parecían sin pupilas, y esquivé involuntariamente su mirada vidriosa
para contemplar los labios, finos y contraídos. Se entreabrieron, y en una
sonrisa de expresión peculiar los dientes de la cambiada Berenice se revelaron
lentamente a mis ojos. ¡Ojalá nunca los hubiera visto o, después de verlos, hubiese
muerto! .
El golpe de una puerta al
cerrarse me distrajo y, alzando la vista, vi que mi prima había salido del
aposento. Pero del desordenado aposento de mi mente, ¡ay!, no había salido ni
se apartaría el blanco y horrible espectro de los dientes. Ni un punto en su
superficie, ni una sombra en el esmalte, ni una melladura en el borde hubo en
esa pasajera sonrisa que no se grabara a fuego en mi memoria. Los vi entonces
con más claridad que un momento antes. ¡Los dientes! ¡Los dientes! Estaban aquí
y allí y en todas partes, visibles y palpables, ante mí; largos, estrechos,
blanquísimos, con los pálidos labios contrayéndose a su alrededor, como en el
momento mismo en que habían empezado a distenderse. Entonces sobrevino toda la
furia de mi monomanía y luché en vano contra su extraña e irresistible
influencia. Entre los múltiples objetos del mundo exterior no tenía
pensamientos sino para los dientes. Los ansiaba con un deseo frenético. Todos
los otros asuntos y todos los diferentes intereses se absorbieron en una sola
contemplación. Ellos, ellos eran los únicos presentes a mi mirada mental, y en
su insustituible individualidad llegaron a ser la esencia de mi vida
intelectual. Los observé a todas las luces. Les hice adoptar todas las
actitudes. Examiné sus características. Estudié sus peculiaridades. Medité
sobre su conformación. Reflexioné sobre el cambio de su naturaleza. Me
estremecía al asignarles en imaginación un poder sensible y consciente, y aun,
sin la ayuda de los labios, una capacidad de expresión moral. Se ha dicho bien
de mademoiselle Sallé que tous ses pas étaient des sentiments, y de Berenice yo
creía con la mayor seriedad que toutes ses dents étaient des idées. Des idées!
¡Ah, éste fue el insensato pensamiento que me destruyó! Des idées! ¡Ah, por eso
era que los codiciaba tan locamente! Sentí que sólo su posesión podía
devolverme la paz, restituyéndome a la razón.
Y la tarde cayó sobre mí, y vino
la oscuridad, duró y se fue, y amaneció el nuevo día, y las brumas de una
segunda noche se acumularon y yo seguía inmóvil, sentado en aquel aposento
solitario; y seguí sumido en la meditación, y el fantasma de los dientes
mantenía su terrible ascendiente como si, con la claridad más viva y más
espantosa, flotara entre las cambiantes luces y sombras del recinto. Al fin,
irrumpió en mis sueños un grito como de horror y consternación, y luego, tras
una pausa, el sonido de turbadas voces, mezcladas con sordos lamentos de dolor
y pena. Me levanté de mi asiento y, abriendo de par en par una de las puertas de
la biblioteca, vi en la antecámara a una criada deshecha en lágrimas, quien me
dijo que Berenice ya no existía. Había tenido un acceso de epilepsia por la
mañana temprano, y ahora, al caer la noche, la tumba estaba dispuesta para su
ocupante y terminados los preparativos del entierro.
Me encontré sentado en la
biblioteca y de nuevo solo. Me parecía que acababa de despertar de un sueño
confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol
Berenice estaba enterrada. Pero del melancólico periodo intermedio no tenía
conocimiento real o, por lo menos, definido. Sin embargo, su recuerdo estaba
repleto de horror, horror más horrible por lo vago, terror más terrible por su
ambigüedad. Era una página atroz en la historia de mi existencia, escrita toda
con recuerdos oscuros, espantosos, ininteligibles. Luché por descifrarlos, pero
en vano, mientras una y otra vez, como el espíritu de un sonido ausente, un
agudo y penetrante grito de mujer parecía sonar en mis oídos. Yo había hecho
algo. ¿Qué era? Me lo pregunté a mí mismo en voz alta, y los susurrantes ecos
del aposento me respondieron: ¿Qué era?
En la mesa, a mi lado, ardía una
lámpara, y había junto a ella una cajita. No tenía nada de notable, y la había
visto a menudo, pues era propiedad del médico de la familia. Pero, ¿cómo había
llegado allí, a mi mesa, y por qué me estremecí al mirarla? Eran cosas que no
merecían ser tenidas en cuenta, y mis ojos cayeron, al fin, en las abiertas
páginas de un libro y en una frase subrayaba: Dicebant mihi sodales si
sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas. ¿Por qué,
pues, al leerlas se me erizaron los cabellos y la sangre se congeló en mis
venas?
Entonces sonó un ligero golpe en
la puerta de la biblioteca; pálido como un habitante de la tumba, entró un
criado de puntillas. Había en sus ojos un violento terror y me habló con voz
trémula, ronca, ahogada. ¿Qué dijo? Oí algunas frases entrecortadas. Hablaba de
un salvaje grito que había turbado el silencio de la noche, de la servidumbre
reunida para buscar el origen del sonido, y su voz cobró un tono espeluznante,
nítido, cuando me habló, susurrando, de una tumba violada, de un cadáver
desfigurado, sin mortaja y que aún respiraba, aún palpitaba, aún vivía.
Señaló mis ropas: estaban
manchadas de barro, de sangre coagulada. No dije nada; me tomó suavemente la
mano: tenía manchas de uñas humanas. Dirigió mi atención a un objeto que había
contra la pared; lo miré durante unos minutos: era una pala. Con un alarido
salté hasta la mesa y me apoderé de la caja. Pero no pude abrirla, y en mi
temblor se me deslizó de la mano, y cayó pesadamente, y se hizo añicos; y de
entre ellos, entrechocándose, rodaron algunos instrumentos de cirugía dental,
mezclados con treinta y dos objetos pequeños, blancos, marfilinos, que se
desparramaron por el piso.
FIN
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